A comienzos de 1930 Doña Rachele Mussolini decidió comprar una villa en Riccione para pasar sus vacaciones de verano. Desde aquel momento en adelante, los eventos del régimen fascista se volvieron inseparables con los de la “perla verde del Adriático”, marcando un cambio decisivo para el desarrollo turístico de la ciudad.
Nos guste o no, en estos años
Riccione se ha convertido en una de las más importante estaciones de balnearios de Italia, gracias a que en aquel periodo, la mayores autoridades nacionales e internacionales del ámbito político y cultural desfilaban por la Calle Ceccarini .
La verdad es que
Mussolini buscaba una playa donde poder ejecitar su faceta de lider, y
encontró en Riccione la meta ideal de su objetivo.
Escribe el
Corriere della Sera, el 7 de Octubre de 1938: “A menudo el turismo egoista y sin imaginación de algunos privilegiados, como el Nacismo y el Fascismo, y más en concreto Duce y Führer, han sustituido el fecundo encuentro de las masas laborales”.
Es en aquel momento cuando
el nombre de Riccione, hasta entonces casi desconocido,
hace el viaje por Europa: es la meta turística de uno de los personajes principales de las aventuras políticas italianas y europeas, y es un teatro de famosos encuentros como aquel con
el Canciller austriaco Dollfuss hospedado por el Duce.
Es en una de sus estancias en Riccione cuando Mussolini se entera, en seguida a través de una conversación telefónica con Vienna, de la dolorosa desaparición de su querido amigo a causa de un atentado, y una vez más es el pequeño pueblo del Adriático el que hace eco de la dramática noticia a toda la nación. Un año después, antes del final del control del régimen fascista, el periodo estival se alza sobre la escena riccionense, y la “perla verde” del Adriático se convierte en excelencia en el retrato de un mundo animado y sin preocupaciones.
Las postales, revistas ilustradas, anuncios publicitarios o las secuencias de las películas de aquel periodo tienen claramente el papel principal de elevar a Riccione como símbolo de las vacaciones; y es propio atravesar la circularidad de aquellas imagenes que la “perla verde del Adriático” da la vuelta al mundo.
El instrumento de propaganda fascista convierte al mismo tiempo la publicidad gratuita de la rivera, y Mussolini asume el rol “Testimonial ” de Riccione.
Pero una posición no de segundo plano en el vehículo de la imagen turística de la costa romagnola la merecen Doña Rachele y los otros familiares del Duce; si para los cronistas del tiempo la fotografía de Vittorio y Romano que juegan sobre la playa son ocasiones de inmortalizar la familia Mussolini, de todas maneras contribuyen también a amplificar la imagen de Riccione. Y qué decir además de Doña Rachele que se presenta a actos de beneficencia, divisa entre tantos asuntos de la villa y las frecuentes visitas de las mayores jerarquías de los tiempos?
Es que ella decide obtener para sí y para su familia la residencia donde transcurrir las vacaciones de verano, y es por eso que ella es la primera en promover la playa riccionense como meta turística. Por un lado, parece justo atribuir el afortunado inicio de la “perla verde” al ventienio propagandístico de Mussolini. Por otro lado sería exagerado reducir tal fortuna a un fenómeno puramente político.
El 25 de Julio de 1943 termina finalmente la relación vacacional que existía entre la familia Mussolini y Riccione, pero seguramente no determina el fin del turismo de la pequeña localidad de la Rivera Adriática. Gracias a uno de los hombres más representativos de los años treinta, Riccione ha lanzado su imagen por todo el mundo: las bases estaban en marcha, ahora tocaba el turno al espíritu de iniciativa de la clase dirigente y el local emprendedor haría el resto.